Si: estoy un poco harto, pero ya se me pasará

Harto del Santander

Publicado por Ibiltari en Lunes, 9 Marzo 2009

Si, del banco de Santander, del BSCH, de ese banco que quiere ser el mío, pero que yo no lo quiero ni regalado porque no sé cuantos cadáveres tendrá bajo las alfombras.

Nuestra historia comenzó cuando vine a trabajar a este pueblo. A los años decidí meterme en un piso y pasé por el correspondiente calvario y pagué la consecuente novatada, que minimizé todo lo que pude.

Yo tenía mis ahorrillos y mi nómina en el BBV (antes BB, después BBVA, y cuando leas esta entrada, cualquiér otro nombre). Como me tocaba enterarme de qué era una hipoteca y entonces no había Google ni muchas páginas que hablasen de ello, aprendí por la técnica de ensayo – error. Fuí a mi “banco de confianza” y escuché aténtamente sus condiciones. La oferta vinculante de la que había oído hablar era una hoja en blanco garabateada ante mí, y eso fué una constante en todas las entidades visitadas.

Como en mi pueblo natal había unas 12 entidades finacieras deseando hipotecar a incautos, me hice el peregrinaje completo, hasta que volví a mi “banco de confianza” con la confianza perdida. La conversación no textual fue del tipo:
- ¡Oye!: que he pegado un vistazo por ahí y resulta que me habeis ofrecido las peores condiciones de todo el mercado interbancario.
- Es lo que hay.
- Pues si me busco el crédito en otro banco, mi cuenta, ahorros y nómina se van detrás.
- Tú verás.

Después de esa lección de atención al cliente, con los conceptos de calidad, interés Mibor, Ceca, diferencial, comisiones, tasación, notaría, y pringado muy claritos, me encuentro entre las dos opciones menos peores:
- Bankinter, que me ofrecía un 5,25% de interés (y otras comisiones más aburridas por lo uniformes que eran con el reso de bancos).
- El Santander, que me ofrecía un 4,95% y el mismo listado de comisiones con los mismos porcentajes garabateados y sin membrete.

Como quería un crédito fijo porque no me gustan las sorpresas (lease variaciones del Mibor), me comprometí con el Santander, hasta que llegó la primera sorpresa 3 días antes de firmar en el notario:
- Oye: es que en la capital me han rechazado las condiciones y te tengo que ofrecer un 5′25%
- Ahora bajo.

En 5 minutos estaba con mi flamante asesor:
- ¿Qué es eso del cambio de condiciones?
- Bla, bla, bla, 5,25%, bla, bla.
- Pues por los cojones: tienes 24 horas para hacerme una oferta mejor o me voy al Bankinter, que me ha ofrecido las mismas condicines y hasta ahora no me ha tomado por jilipoyas.
- Pero es que el notario ya está avisado y tenemos cita.
- Sí, y me parecería justo que le pague quien lo ha llamado, usease vosotros ¿no?
- Bueno: lo intentaré.

Al día siguiente me llama para decirme que el interés se queda en el 5,15%: una mierda más baja, pero la verdad es que era mi mejor opción: con el mosqueo, yo ya había perdido el culo por volver al Bankinter, donde me contaron que la política del banco había cambiado y ya no aprobaban créditos a interés fijo. Además, en menos de una semana me iba a trabajar a Argentina, con lo que no estaba para juegos: la casa elegida, el precio negociado, la fecha puesta,… esos detalles que no te hacen tomar decisiones precipitadas.

Total, que acordado el interés, nos vamos para el notario: yo, las dueñas del piso, mi asesor personal, el suyo,… Como decían Les Luthiers: “Sólo faltaba la sota”.
Allí, el señor notario, lee los términos deprisa, me deja una copia, y veo un pequeño detalle no mencionado hasta entonces:

Gastos de correo a mi cuenta.

- ¿Y ésto que hace aquí?
- Bla, bla, bla, son condiciones standard, bla, bla, bla.
- (Mentalmente: 28 céntimos * 180 plazos = 50,4€)
- Ésta os la guardo hasta el día del juicio final por la tarde.
- Bla, bla, bla.

Aquí, el señor Notario tiene la amabilidad de dejarnos un ratito sólos para hablar de nuestras cosas y hacer nuestras sumas antes de la firma.

Bueno: ya me había casado por el banco: ya tenía una casa para arreglar y una deuda para 15 años. Además tenía un sumidero en mi cuenta corriente que se tragaba algo más del 50% de mi sueldo neto mensual. Mi asesor personal ya me habían comentado lo inconveniente de endeudarme tánto, y me proponía que me hipotecase a 20 años. Yo ya había echado las cuentas: un crédito a 20 años y al 5% significa que la casa te cuesta el doble. Además: tenía un cierto optimismo con mi trabajo y mi salario, que se ha cumplido. Además: siempre estaba la posibilidad de casarme con una rica heredera ¿no?

Bueno: pues desde entonces, mi relación con el Santander ha sido igual de agradable. Cada vez que me han hecho una de sus gracias, les he retirado alguno de mis recibos. En la actualidad sólo tengo allí uno o dos recibos y nada más: me abrí una cuenta en Bankinter, donde tengo mi nómina, prácticamente todos mis recibos y mis ahorros. Prometo que antes de agotar los 4 años que me quedan, no quedará ningún recibo.

Por supuesto, hay inconvenientes: no hay oficina de Bankinter en mi pueblo, y me tengo que desplazar 7 Km para cualquier gestión. A cambio, la banca on-line funciona bien y su visa es gratis si tienes la nómina domiciliada. Lo malo: me tengo que acordar de transferir dinero al Santander de vez en cuando. Una vez se me pasó porque estaba trabajando fuera, y me tuve que comer un pequeño descubierto de unos días, cuando lo ví en el recibo del crédito.

Una gracia habitual del Santander ha sido cobrarme el envío de los recibos a precio de correo nacional (visita a mi asesor y bronca). Lo que me jodía particularmente era que algún otro recibo también me lo cobraban, y entonces ya me subía por las paredes. Lo que ya me tocaba los cojones de mala manera era cuando me llegaban uno de esos recibos (con el coste del franqueo incluido) y el del crédito (también con su franqueo) en el mismo sonbre.

Entonces ya lo iba saboreando: a la mañana siguiente me metía los 2 recibos en el bolsilo, me iba a trabajar en moto, y hacia la 1:30 (cuando más gente había) me bajaba a la sucursal. Entonces me ponía en la fila y cuando llegaba mi turno, les explicaba mi problema, mi mosqueo y su cagada en un tono lo suficientemente alto para que me oyesen todos los de la fila y los VIPs de empresas que estuviesen en la planta baja con sus asesores personales. En parte era por mala leche y en parte porque los cajeros estaban tras el típico cristal antibalas. Lo que es seguro es que el señor director me oía, porque un par de veces ya se acercó a los cajeros. Al final conseguía que me reintegrasen todos los gastos de correo menos uno de cada sobre. Pero como el show les daba un poco de mala imagen, me empezaron a derivar a mi amigo el asesor personal (en el segundo piso: lejos de las cajas y de la oficina del director).

Como hay un equilibrio en el universo (ignorando la entropía) lo bueno de que no me oyesen los clientes de abajo, se compensaba con lo mal que me llevaba con mi asesor personal, al que tengo la firme intención de amargar la prejubilación tanto como su banco me amarga la existencia. Con él me permito caras, gestos, expresiones y sentadas que no me permito de pie ante el cajero y con gente esperando detrás, y con el mismo resultado: al final traga y me asegura que no volverá a pasar. Hasta que pasa, y entonces vuelvo.

Por supuesto, me siguen clavando el franqueo de cada recibo, tal y como está firmado. Esos cincuentayalgo euros, que al final y con las subidas serán sesentaypocos, me joden desde el primer día pero de vez en cuando me proporcionan alguna alegría. La mejor, la más memorable, la que más le jodió a mi asesor y a su compañera, sucedió hace más o menos un año.

Soy un pequeño caos con los papeles: tardo en ordenarlos, pero luego guardo todos los recibos, nóminas,… bastante más de lo recomendable. Un buen día, ordenando papeles, me doy cuenta de que llevo unos meses sin recibir el recibo del crédito, aunque los tenía anotados en mi libreta alguna vez que la actualicé. Bajé a la sucursal y tenía un descubierto de un par de meses, y si teneis un crédito, sabeis que eso son unas pelas. De cabeza a por mi asesor personal:
- ¿Qué pasa con ésto?
- Bla, bla, bla. Es responsabilidad tuya controlar tu cuenta: si estás al desubierto, te toca pagar.
- Si, y es responsabilidad vuestra enviarme los recibos a casa, que para eso me cobrais el correo y lo teneis firmado ante notario ¿Por qué llevan meses sin llegarme?.
- Bla, bla, bla, no puede ser, bla, bla, bla, será cosa mía, bla, bla, bla.
- ¿A qué dirección estais mandando los recibos?
- A la tuya, ¿a cual si no?
- ¡Mira en el ordenador!

Efectivamente: los estaban enviando a otra dirección de mi barrio, lo que libraba de responsablidad a los inútiles de los carteros de mi zona, que ya se han aprendido los números pero todavía no disinguen las letras, y nos llegan cartas de otra calle con el mismo número de portal.

- Será que tú has dado mal la dirección
- ¡Claro!: por eso hasta ahora me llegaban.
- Pues la habrás cambiado tú.
- O habreis metido la pata restaurando datos de una copia de seguridad.
- ¡Eso no puede ser!
- Mira: menos chorradas: Primero, me vas a imprimir, firmar y sellar todos los recibos que me faltan, y segundo, me vas a quitar la deuda o la siguiente visita va a pasar por el despacho de tu director y por el juzgado, que me tenis contento.

Salí de allí con mis recibos y a los pocos días con el reintegro del descubierto anulado.

Ahora llevo un tiempo tranquilo, pero ya sabes cómo va ésto: ya queda menos para que la vuelvan a cagar.

La web del día: Yonkis

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Harto de Vodafone

Publicado por Ibiltari en Viernes, 13 Febrero 2009

Si: esta compañía de teléfonos me tiene realmente harto.

Historia: hace muchos años, un amigo me regaló un Alcatel one touch (a.k.a. la compresa) de Euskaltel. Entre la novatada y que etonces todas las compañías eran caras, acabé poniendole una tarjeta de su operadora. El gran defecto de Euskaltel (y ahora de Orange) es que no tenían cobertura en mi mesa de trabajo. Si: delante tengo un teléfono fijo y telefonía IP, pero el móvil enpijece a quien lo tiene, y en algún momento, esa falta de cobertura me pareció un inconveniente. Por lo demás, ningún problema.

Un buen día me pasé a Vodafone: promesas, publicidad, cobertura, tarifas,… y elegir otro modelo de teléfono: un Nokia 3100 baratito. Como no hablaba mucho, no me preocupaba mucho de las tarifas.

Cuando acabé la permanencia, me planteé ascender en mi nivel de pijerío. Me leí todos los foros del mundo (y algunos blogs) donde recomendaban amagar que te cambiabas de compañía para que te hiciesen una oferta de permanencia. Resultado: 80 euros por un nokia N70 y un 50% de descuento en el consumo durante los 6 meses siguientes.

Entonces llega el mosquéo. Soy contrario al buzón de voz: las máquinas están para ser insultadas, no para hablar con ellas. Cuando llamo a alguien, no quero hablar con una máquina, y cuando me llaman a mí, no quero que les facturen por dejar un mensaje que no voy a escuchar. Fácil: buscas la órden para desconectar el buzón (#177#) y te olvidas.

Error: no es tan fácil: Vodafone se encarga de activarte el buzón de voz sin tu permiso. Quieras o no, te va a activar el buzón, y te vas a dar cuenta cuando algún amigo te diga que te dejó un mensaje y que no has contestado. Resultado: cara de primo, sensación de estafa y que a tu amigo le han hurtado en su propia cara.

Claro: siempre puedes llamar al 123 y alguien te dirá que no saben nada, que ellos no lo hacen, que lo habré activado yo, que pulsando la tecla 1 se activa sólo,… Como uno cada vez es más viejo y menos tonto, les pide que expliquen cómo se activa (casualmente) cada 4 meses, cómo se activa desde el extranjero (que no se puede) y cómo tienen la jeta de decirme que ya lo han arreglado y que no volverá a ocurrir.

Una currante de atención al cliente me reconoció que es la compañía quien los activa. Como también me dijo que nuestras llamadas se graban (sin nuestro consentimiento), no tengo problema en que caiga por aquí algún abogaducho de Vodafone.

Como uno tiene muy mala leche, sigue los principios de la estrategia gerencial, como el Win-Win (beneficio mútuo), pero adaptado a la situación: si yo pierdo dinero, ellos tienen que perder al menos el doble que yo. Cada vez que me han activado el buzón, he llamado a Atención al cliente y les he tenido oyendo mis quejas durante al menos una hora. Yo me desahogo, los de Atención al cliente justifican su nómina y la compañía pierde dinero. Todos contentos.

La última: al acabar la permanencia, pido que me liberen el móvil. El procedimiento de Atención al cliente consiste en poner todas las pegas posibles. Te piden los datos que ya tienen, te piden la factura que tienen ellos, te piden que se la envíes por fax a un número de móvil (un fax normal no te lo enviará), y si no puedes enviarlo, que pases por una tienda Vodafone (a mi mujer le cobraron 1 euro por hacerle “el favor”, aunque te digan que es gratis) o que pagues en otro sitio por enviarlo. Curiosamente, cuando solicitas la portabilidad a otra compañía, desaparecen todos esos problemas: te preguntan por qué te cambias, se ofrecen a enviar los códigos de desbloqueo,… promesas, promesas.

En fin: harto de Vodafone, me he decidido a cambiar de compañía. Como ya estoy de vuelta de unas cuantas cosas, me voy a una OMV (Pepemóvil), sin aparato nuevo (desemplovaré algún modelo viejo, pequeño y liberado), con la misma cobertura que ahora, pero sin consumos mínimos ni permanencias. Les daré un tiempo, y cuando esté harto de ellos, volveré a cambiar de compañía y volveré a escribir un post en este blog.

Lo más divertido: Vodafone me ha dado de baja la línea, y todavía no he firmado con Pepemóvil. Cuando pensaba que no podían ser más inútiles, van y se superan.

La web del día: Qué vida más triste

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Harto de WordPress

Publicado por Ibiltari en Jueves, 12 Febrero 2009

Si: el primer día y ya estoy mosqueado. ¿Veis esa imagen a la izquierda del primer post? Si: es una tontería. A su derecha hay un texto chorra del que no tardaré en arrepentirme. La verdad es que crear el blog ha sido muy sencillo, pero ese post se me ha resistido. menos mal que no me pagan por bloggear, porque he sido muy poco productivo.

Yo había puesto un texto poco inspirado pero bien maquetado, y me he pasado un buen rato viendo cómo me ponía la foto abajo a la izquierda. He hecho todos los experimentos: volver a meter la foto, un salto de líne a más, uno menos,… hasta que he descubierto que la foto hay que ponerla al principio, seguida del texto. Además, a la foto hay que bautizarla poniendo texto en todos los campos que pide al insetarla. De lo contrario repelerá al texto como uno de mis calcetines.

Seguro que viene en algún manual o tutorial. Seguro que alguen ya ha creado un blog con esas cosas que ahorran tiempo, pero yo soy más de los de “Los manuales son para cobardes. Se valiente y ponlo en marcha”, consciente de que no voy a romper nada, y que si lo rompo, es gratis.

Además: ese enlace que pongo al pie del post también me ha dado sus problemas. Será la típica cosa que le tienes que pillar el truco y que luego lo cortapegas en cada post.

En fin: hoy me he levantado a tiempo la ducha me ha acabado de despertar, he desayunado bien, no tengo problemas de pareja… De algo me tenía que quejar, ¿no?

El enlace del día: www.pitoche.com

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Presentación

Publicado por Ibiltari en Miércoles, 11 Febrero 2009

Free! Take one! Thanks

Free! Take one! Thanks

Hola a todos, hola a todas. Este es mi primer post, pero también una cuenta atrás.

Hace tiempo me rondaba la idea de tener un escaparate donde quejarme de todo lo que me tiene harto y de invitaros a que hagais lo mismo. De ahí a pensar el nombre del blog no se han consumido muchas neuronas.

Lo se: como primer post del blog, ésto es muy cutre. Lo bueno es que no prometo mejorar. Lo malo, que os puedo aburrir en seguida.

De todos modos ¿Quién os ha prometido que ésto vaya a ser eterno?. Cuando decía que esto también es una cuenta atrás, es porque algún día también teminaré harto de este blog.

Es lo bueno que tiene el estar harto: un día me hartaré yo, o el blog se hartará de mí, o Mr/Ms. webmaster me mandará a tomar por donde se cargan los camiones,… ¡Uyuyuy! que me estoy emocionando y ésto puede ir para largo.

Bueno, pues bienvenidos y bienvenidas. Sentaos, que leer el ordenador de pie es muy cansado y me preocupa vuestra salud.

Hasta pronto.

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